¿Podrá mantenerse la correlación entre el oro y Bitcoin? Es necesario evaluar las propiedades de ambos y el entorno del mercado de manera integral. A largo plazo, ambos son considerados “activos antiinflación”, mostrando una tendencia a subir juntos en entornos de liquidez macroeconómica flexible y aumento del riesgo geopolítico (como la expectativa de recortes de tasas de la Reserva Federal en 2024 que impulsa a BTC y al oro a superar máximos históricos simultáneamente). Sin embargo, en el corto plazo, la diferenciación es notable: el oro depende de las reservas de los bancos centrales y de la confianza institucional, con una volatilidad baja (aproximadamente 15% anualizado), siendo más defensivo en escenarios de contracción extrema de liquidez o turbulencias en el sistema financiero; Bitcoin, por otro lado, está impulsado por el sentimiento del mercado, flujos de fondos en ETF y otros factores, con una volatilidad que alcanza entre el 50% y el 80%, mostrando una alta Beta. Actualmente, el oro se beneficia de la tendencia de “desdolarización” y de las compras récord por parte de los bancos centrales, mientras que Bitcoin enfrenta una fase de ajuste debido a la salida de fondos de ETF y a la reversión de operaciones de carry trade. En el futuro, si la reconfiguración de las cadenas de suministro globales se profundiza, el oro podría continuar con su lógica de refugio, mientras que Bitcoin necesitará superar las perturbaciones regulatorias y la presión de ventas técnica. La correlación entre ambos activos cambiará dinámicamente con la narrativa macroeconómica. Los inversores pueden prestar atención a la “subida parabólica” del oro y su impacto en la transmisión del sentimiento hacia Bitcoin, pero deben estar alertas a los riesgos de divergencias a corto plazo provocadas por cambios en los ciclos de liquidez.
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¿Podrá mantenerse la correlación entre el oro y Bitcoin? Es necesario evaluar las propiedades de ambos y el entorno del mercado de manera integral. A largo plazo, ambos son considerados “activos antiinflación”, mostrando una tendencia a subir juntos en entornos de liquidez macroeconómica flexible y aumento del riesgo geopolítico (como la expectativa de recortes de tasas de la Reserva Federal en 2024 que impulsa a BTC y al oro a superar máximos históricos simultáneamente). Sin embargo, en el corto plazo, la diferenciación es notable: el oro depende de las reservas de los bancos centrales y de la confianza institucional, con una volatilidad baja (aproximadamente 15% anualizado), siendo más defensivo en escenarios de contracción extrema de liquidez o turbulencias en el sistema financiero; Bitcoin, por otro lado, está impulsado por el sentimiento del mercado, flujos de fondos en ETF y otros factores, con una volatilidad que alcanza entre el 50% y el 80%, mostrando una alta Beta. Actualmente, el oro se beneficia de la tendencia de “desdolarización” y de las compras récord por parte de los bancos centrales, mientras que Bitcoin enfrenta una fase de ajuste debido a la salida de fondos de ETF y a la reversión de operaciones de carry trade. En el futuro, si la reconfiguración de las cadenas de suministro globales se profundiza, el oro podría continuar con su lógica de refugio, mientras que Bitcoin necesitará superar las perturbaciones regulatorias y la presión de ventas técnica. La correlación entre ambos activos cambiará dinámicamente con la narrativa macroeconómica. Los inversores pueden prestar atención a la “subida parabólica” del oro y su impacto en la transmisión del sentimiento hacia Bitcoin, pero deben estar alertas a los riesgos de divergencias a corto plazo provocadas por cambios en los ciclos de liquidez.