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Los observadores del mercado han planteado recientemente una cuestión aguda: si Kevin Wash se convirtiera en presidente de la Reserva Federal, ¿sería un firme halcón inflacionario o un seguidor de las corrientes políticas? Detrás de esta pregunta, existe una profunda preocupación por la dirección de la política monetaria de EE. UU. e incluso por la estabilidad financiera global.

Un comentarista autorizado con larga experiencia en macroeconomía centra su atención en este candidato seleccionado por Trump. Intenta discernir, a partir de las declaraciones pasadas de Wash y los cambios sutiles en su postura reciente, las posibles rutas de política futura. La contradicción central radica en que Wash, por un lado, muestra una postura dura contra la inflación, y por otro, su reciente minimización de las amenazas inflacionarias coincide exactamente con las preferencias de Trump por una política flexible.

Esta contradicción interna es vista por los analistas como una fuente potencial de riesgo. Advierten que, bajo un marco de políticas dominado por Wash, el resultado final podría ser otra crisis financiera.

Al revisar 2010, cuando la economía estadounidense aún luchaba en las arenas movedizas tras la crisis financiera, Wash ya expresaba su preocupación por la credibilidad de la Fed en una conferencia. Presentó varias ideas clave: la independencia de la Fed debería limitarse a la política monetaria; el banco central debe resistir la tentación de convertirse en el salvador final; el gobierno podría presionar para mantener políticas laxas y financiar la deuda; y, nunca arriesgar los logros de inflación baja que se habían alcanzado en décadas.

Estas ideas, en aquel contexto económico, parecían especialmente estrictas, casi dogmáticas.

Avanzando a 2025, en apariencia, la postura intelectual de Wash parece coherente. En una conferencia, criticó a la Fed por “desviación institucional”, por no cumplir con su responsabilidad central de mantener la estabilidad de precios. Acusó a la Fed de haber contribuido a un crecimiento explosivo del gasto federal y señaló con dureza que, desde 2008, la Fed se ha convertido en el principal comprador de bonos del Tesoro estadounidense.

Considera que el verdadero peligro no es la “gestión fiscal” tradicional, sino la “gestión monetaria”, es decir, que el banco central se convierta en el árbitro final de la política fiscal.

Esto plantea una cuestión desconcertante: ¿por qué Trump, quien ha criticado que Powell no recorta las tasas lo suficientemente rápido, optaría por un candidato que parece ser un firme opositor a la inflación? Algunos análisis sugieren varias posibilidades: su aprecio por la hostilidad de Wash hacia la expansión excesiva de la Fed; su inclinación por una postura de desregulación financiera; y, que Wash, como una opción relativamente ortodoxa, podría tranquilizar a los mercados.

Pero lo crucial es que Wash “justamente” cree que, debido al crecimiento de la productividad impulsado por la tecnología, la inflación ya no representa una amenaza. Para alguien que en una recesión profunda temía la inflación, esto es un cambio audaz. Los analistas señalan que esto equivale a reemplazar la dependencia de datos de la Fed por intuiciones, en un contexto donde EE. UU. enfrenta enormes déficits, alta deuda y un crecimiento económico acelerado; una apuesta arriesgada.

El comentarista admite que comparte algunas críticas de Wash a la Fed, especialmente respecto a su desviación de funciones esenciales. También reconoce que la inflación post-pandemia tuvo cierta responsabilidad de la Fed, y que el marco de política monetaria introducido en 2020 tiene problemas tanto en teoría como en práctica. Además, como una institución grande, las decisiones de la Fed no son controladas completamente por un solo presidente, lo que proporciona cierto amortiguador institucional.

No obstante, las preocupaciones permanecen en dos puntos. Primero, que Wash podría estar demasiado dispuesto a defender cualquier política que Trump desee, incluso si eso implica aceptar una gestión fiscal dominante. Segundo, que podría intentar justificar una estrategia contradictoria: reducir activamente el balance de la Fed mientras compensa con tasas a largo plazo más altas y tasas a corto plazo más bajas.

Al mismo tiempo, el Departamento del Tesoro de EE. UU. probablemente se incline aún más hacia financiamiento a corto plazo. Esta combinación podría hacer que la curva de rendimiento estadounidense se vuelva más empinada, aumentando la demanda de financiamiento en dólares a corto plazo y reduciendo la de largo plazo.

El analista advierte que lo más importante es que, considerando la caída en las reservas bancarias y la desregulación financiera, los activos y pasivos del sector financiero se vuelven más vulnerables. La motivación para mantener dólares también podría disminuir por la caída en las tasas a corto plazo y el aumento de las preocupaciones inflacionarias. La conclusión que extrae es alarmante: “El resultado podría ser otra crisis financiera.”

La historia ha demostrado repetidamente que las crisis financieras suelen originarse en contradicciones internas en las políticas: por un lado, expansión fiscal y desregulación, y por otro, intentar mantener la disciplina monetaria, lo que finalmente acumula riesgos sistémicos en la sombra.

Al final, el comentarista hace una evaluación cautelosa de Wash: es mejor que muchos otros candidatos, pero es una figura confusa, o quizás, una persona que también está confundida. Un presidente del banco central con posturas cambiantes puede ser más peligroso que uno con una postura firme pero equivocada, porque los mercados no pueden formar expectativas estables.

Enfatiza que EE. UU. y el mundo necesitan un presidente de la Fed que pueda decir “no” al presidente. Cree que Powell ya ha demostrado esa capacidad. La pregunta sin respuesta es: ¿será Wash esa persona? La respuesta quizás solo se revele en la próxima crisis económica o financiera, pero para entonces, el costo ya estará pagado.

Wash dijo en 2010 que la única reputación que un banquero central debería buscar es ser recordado en los libros de historia. La cuestión es si será recordado por mantener la estabilidad financiera o por haber desencadenado la próxima crisis. Para los mercados de criptomonedas altamente dependientes de la liquidez global y el sentimiento de riesgo, especialmente $BTC y $ETH, la respuesta a esta pregunta determinará si se convierten en activos refugio en medio de una crisis o en objetos de venta en un entorno de contracción de liquidez.


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