Una mujer establece un récord que muchos consideraban imposible: un coeficiente intelectual de 228, un valor que supera ampliamente las leyendas de la ciencia. Mientras Einstein fue medido con 160-190 y Stephen Hawking con 160, hoy ese nombre representa el fenómeno de la inteligencia humana. Pero esta mujer no se hizo famosa por su genialidad, sino porque 10.000 académicos creían que había cometido un error matemático. Su historia es un documento fascinante sobre cómo incluso las mentes brillantes pueden volverse ciegas ante prejuicios cognitivos.
La infancia de una talentosa excepcional
Marilyn vos Savant no fue como otros niños desde pequeña. A los 10 años ya había desarrollado una memoria fotográfica inusual: podía memorizar páginas enteras de libros y leer los 24 volúmenes de la Enciclopedia Britannica. Su inteligencia fue indiscutible desde el principio. Sin embargo, en un mundo que apenas alentaba a las niñas en esas áreas, su potencial fue pasado por alto. “A nadie le interesé especialmente, en su mayoría porque soy una niña”, recordó después.
La escuela no le presentó desafíos particulares. Asistió a una escuela pública normal, luego a la Universidad de Washington. Después de solo dos años, abandonó sus estudios para apoyar a su familia. Parecía que una de las mentes más brillantes de su generación iba a pasar desapercibida — al menos por ahora.
El punto de inflexión: 1985 y la atención mundial
Todo cambió cuando Guinness World Records en 1985 registró a Marilyn vos Savant como la nueva poseedora del récord con el coeficiente intelectual más alto jamás medido. De repente, estaba en todas partes: en las portadas de la revista New York Magazine y Parade, como invitada en el famoso Late Show de David Letterman. El público quedó fascinado con esta mujer de intelecto extraordinario.
Parade le dio la oportunidad de escribir su propia columna “Pregúntale a Marilyn”. Para una escritora apasionada, esto fue un sueño. Nadie pudo prever que esa columna se convertiría en una de las mayores controversias intelectuales de los años 90.
El dilema de Monty Hall: La pregunta que lo cambió todo
En septiembre de 1990, Marilyn recibió la siguiente pregunta, nombrada así por el presentador Monty Hall del programa “Deal or No Deal”:
Participas en un juego de azar. Frente a ti hay tres puertas. Detrás de una hay un coche, detrás de las otras dos, cabras. Eliges una puerta. El presentador abre intencionadamente otra puerta, que tiene una cabra. ¿Deberías cambiar a otra puerta ahora?
Su respuesta fue clara: “Sí, deberías cambiar”. Esas cuatro palabras desataron una tormenta. Marilyn recibió más de 10.000 cartas, casi 1.000 de ellas de doctores, profesores de matemáticas y científicos. El tono era demoledor: “¡Eres una cabra!”, “Lo has estropeado totalmente”, “Quizá las mujeres simplemente entienden las matemáticas de otra manera”. Aproximadamente el 90% estaba convencido de que ella se había equivocado.
La verdad matemática: Por qué la mayoría estaba equivocada
Pero Marilyn tenía toda la razón. El problema puede desglosarse elegantemente:
Escenario 1: Elegiste la puerta con el coche (probabilidad 1/3)
El presentador abre una puerta con una cabra
Cambias a otra puerta
Pierdes
Escenario 2: Elegiste una puerta con una cabra (probabilidad 2/3)
El presentador abre la otra puerta con una cabra
Cambias a la puerta restante
Ganas
La realidad matemática: La probabilidad de ganar al cambiar es 2/3, no 1/2. Esto no es casualidad, sino pura lógica. La clave está en que el presentador ya tiene conocimiento — sabe dónde está el coche y abre deliberadamente una puerta con una cabra.
La mayoría de las personas caen en tres trampas cognitivas:
Resetear la situación: Cuando llega nueva información, las personas olvidan inconscientemente su elección original y tratan la decisión como si fuera nueva. Así piensan que ambas puertas restantes tienen un 50% de probabilidad.
El poder de los números pequeños: Con solo tres puertas, la estructura del problema es difícil de entender. En escenarios mayores (por ejemplo, 100 puertas), la respuesta correcta sería evidente de inmediato.
El sesgo de distribución uniforme: La gente asume que todas las probabilidades deben estar distribuidas uniformemente, sin considerar la información asimétrica del presentador.
La confirmación científica
Con el tiempo, los escépticos tuvieron que reconsiderar su postura. El MIT realizó simulaciones por computadora que confirmaron la respuesta de Marilyn. El programa de televisión MythBusters realizó pruebas en vivo y demostró experimentalmente que cambiar de puerta es la mejor estrategia. Algunos científicos reconocieron posteriormente sus errores y se disculparon públicamente.
El problema de Monty Hall se convirtió en un clásico en la teoría de la probabilidad y hoy se enseña en universidades de todo el mundo. Y Marilyn vos Savant, la mujer con el coeficiente intelectual más alto documentado, es recordada más por esta columna que por sus logros matemáticos.
Su historia revela algo profundo: la inteligencia por sí sola no basta. También se necesita la capacidad de ver el mundo de otra manera — y la perseverancia para defender esa perspectiva, incluso cuando 10.000 supuestos expertos se oponen.
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La persona más inteligente de todos los tiempos: El misterio detrás del coeficiente intelectual más alto medido
Una mujer establece un récord que muchos consideraban imposible: un coeficiente intelectual de 228, un valor que supera ampliamente las leyendas de la ciencia. Mientras Einstein fue medido con 160-190 y Stephen Hawking con 160, hoy ese nombre representa el fenómeno de la inteligencia humana. Pero esta mujer no se hizo famosa por su genialidad, sino porque 10.000 académicos creían que había cometido un error matemático. Su historia es un documento fascinante sobre cómo incluso las mentes brillantes pueden volverse ciegas ante prejuicios cognitivos.
La infancia de una talentosa excepcional
Marilyn vos Savant no fue como otros niños desde pequeña. A los 10 años ya había desarrollado una memoria fotográfica inusual: podía memorizar páginas enteras de libros y leer los 24 volúmenes de la Enciclopedia Britannica. Su inteligencia fue indiscutible desde el principio. Sin embargo, en un mundo que apenas alentaba a las niñas en esas áreas, su potencial fue pasado por alto. “A nadie le interesé especialmente, en su mayoría porque soy una niña”, recordó después.
La escuela no le presentó desafíos particulares. Asistió a una escuela pública normal, luego a la Universidad de Washington. Después de solo dos años, abandonó sus estudios para apoyar a su familia. Parecía que una de las mentes más brillantes de su generación iba a pasar desapercibida — al menos por ahora.
El punto de inflexión: 1985 y la atención mundial
Todo cambió cuando Guinness World Records en 1985 registró a Marilyn vos Savant como la nueva poseedora del récord con el coeficiente intelectual más alto jamás medido. De repente, estaba en todas partes: en las portadas de la revista New York Magazine y Parade, como invitada en el famoso Late Show de David Letterman. El público quedó fascinado con esta mujer de intelecto extraordinario.
Parade le dio la oportunidad de escribir su propia columna “Pregúntale a Marilyn”. Para una escritora apasionada, esto fue un sueño. Nadie pudo prever que esa columna se convertiría en una de las mayores controversias intelectuales de los años 90.
El dilema de Monty Hall: La pregunta que lo cambió todo
En septiembre de 1990, Marilyn recibió la siguiente pregunta, nombrada así por el presentador Monty Hall del programa “Deal or No Deal”:
Participas en un juego de azar. Frente a ti hay tres puertas. Detrás de una hay un coche, detrás de las otras dos, cabras. Eliges una puerta. El presentador abre intencionadamente otra puerta, que tiene una cabra. ¿Deberías cambiar a otra puerta ahora?
Su respuesta fue clara: “Sí, deberías cambiar”. Esas cuatro palabras desataron una tormenta. Marilyn recibió más de 10.000 cartas, casi 1.000 de ellas de doctores, profesores de matemáticas y científicos. El tono era demoledor: “¡Eres una cabra!”, “Lo has estropeado totalmente”, “Quizá las mujeres simplemente entienden las matemáticas de otra manera”. Aproximadamente el 90% estaba convencido de que ella se había equivocado.
La verdad matemática: Por qué la mayoría estaba equivocada
Pero Marilyn tenía toda la razón. El problema puede desglosarse elegantemente:
Escenario 1: Elegiste la puerta con el coche (probabilidad 1/3)
Escenario 2: Elegiste una puerta con una cabra (probabilidad 2/3)
La realidad matemática: La probabilidad de ganar al cambiar es 2/3, no 1/2. Esto no es casualidad, sino pura lógica. La clave está en que el presentador ya tiene conocimiento — sabe dónde está el coche y abre deliberadamente una puerta con una cabra.
La mayoría de las personas caen en tres trampas cognitivas:
Resetear la situación: Cuando llega nueva información, las personas olvidan inconscientemente su elección original y tratan la decisión como si fuera nueva. Así piensan que ambas puertas restantes tienen un 50% de probabilidad.
El poder de los números pequeños: Con solo tres puertas, la estructura del problema es difícil de entender. En escenarios mayores (por ejemplo, 100 puertas), la respuesta correcta sería evidente de inmediato.
El sesgo de distribución uniforme: La gente asume que todas las probabilidades deben estar distribuidas uniformemente, sin considerar la información asimétrica del presentador.
La confirmación científica
Con el tiempo, los escépticos tuvieron que reconsiderar su postura. El MIT realizó simulaciones por computadora que confirmaron la respuesta de Marilyn. El programa de televisión MythBusters realizó pruebas en vivo y demostró experimentalmente que cambiar de puerta es la mejor estrategia. Algunos científicos reconocieron posteriormente sus errores y se disculparon públicamente.
El problema de Monty Hall se convirtió en un clásico en la teoría de la probabilidad y hoy se enseña en universidades de todo el mundo. Y Marilyn vos Savant, la mujer con el coeficiente intelectual más alto documentado, es recordada más por esta columna que por sus logros matemáticos.
Su historia revela algo profundo: la inteligencia por sí sola no basta. También se necesita la capacidad de ver el mundo de otra manera — y la perseverancia para defender esa perspectiva, incluso cuando 10.000 supuestos expertos se oponen.