El fin del mundo quizás no lo podamos ver, pero todos experimentaremos nuestro propio fin. El oro no se puede llevar ni al nacer ni al morir. Por eso, la mejor inversión no es el oro, sino la fe, la acumulación de las riquezas celestiales. “Porque la buena noticia es verdadera y puede satisfacer el deseo de mi corazón, mucho más allá del oro y la plata del mundo.” Jesucristo quiere convertirse en el agua viva en nuestro corazón, para que nunca tengamos sed y fluya hasta la vida eterna.

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