La industria cinematográfica argentina enfrenta uno de sus mayores desafíos en décadas. Aunque posee un legado reconocido mundialmente con títulos icónicos que han marcado la historia del cine, la crisis de asistencia a salas y la eliminación de subsidios del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) amenazaban con frenar su trayectoria. Sin embargo, lejos de rendirse, el sector ha demostrado una capacidad de reinvención notable, desplegando nuevas estrategias creativas y formando alianzas decisivas para apoyar especialmente a productores emergentes y a colectivos históricamente marginados. Esta transformación no es accidental: responde a una convicción creciente de que la diversidad no solo es justa, sino también necesaria para que la industria prospere. El precio de mantenerse vigente, parece decir el sector argentino, es precisely el de abrazo la multiplicidad de voces y perspectivas.
La crisis del cine argentino: cuando el precio de los subsidios se vuelve insostenible
La realidad que enfrentó la industria fue devastadora. La disminución radical de subsidios gubernamentales coincidió con una caída drástica en la concurrencia de público a las salas. Muchos auguraban el colapso definitivo de un sector que había sido sinónimo de calidad en América Latina. No obstante, esta presión catalizó una transformación inesperada. En lugar de desaparecer, la industria se reorganizó alrededor de principios más inclusivos y colaborativos. La lección fue clara: el precio de la supervivencia estaba en la reinvención.
Vanessa Ragone, tesorera de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica (CAIC), explica que la crisis no fue solo desafiante sino también liberadora. “Cuando desaparecen los subsidios tradicionales, tienes que pensar diferente. Es ahí cuando surgen las alianzas más genuinas”, comenta. Esta mentalidad fue la que inspiró iniciativas como el Laboratorio Audiovisual de Industria en Foco, un programa intensivo de formación y acompañamiento ideado para mujeres, personas de identidades trans y no binarias dentro de la industria audiovisual.
Laboratorio de sueños: cómo las alianzas estratégicas reducen el precio de entrada para talentos emergentes
El Laboratorio Audiovisual de Industria en Foco nació de una colaboración sin precedentes entre la CAIC, el Fondo Netflix para la Equidad Creativa, el Ministerio de Desarrollo Económico y el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Esta red institucional compartida representaba una nueva filosofía: el precio de crear una industria más equitativa requiere esfuerzos coordinados que transciendan las barreras tradicionales.
La respuesta fue abrumadora. Más de doscientos proyectos llegaron de todo el país. De estos, ocho fueron seleccionados para recibir tutoría intensiva durante tres meses. Dos de ellos alcanzaron la categoría de ganadores y recibieron apoyo económico para avanzar en desarrollo, producción de materiales promocionales y presentación comercial en el mercado. “Lo que más nos sorprendió fue la calidad y la pasión de los participantes. Están ingresando con ideas claras, preguntas profundas, determinación. Saben exactamente qué necesitan y cómo capitalizar esta oportunidad”, cuenta Ragone.
El programa ofreció herramientas específicas: tutorías de escritura de guiones, asesoramiento en pitch (la presentación comercial de proyectos), estrategias de marketing y promoción. Los seleccionados no solo recibieron conocimiento, sino también una red de mentores experimentados que los acompañó en cada etapa. “El tiempo que los mentores dedican es invaluable. Gente que ya conoce los desafíos de filmar en Argentina, que entiende las complejidades de la industria, transmitiendo esa experiencia a la siguiente generación”, añade Ragone.
Netflix, a través de su Fondo para la Equidad Creativa, ha ampliado significativamente su compromiso regional. Pierre Emile Vandoorne, director de Asuntos Públicos de Netflix para Latinoamérica, subraya: “Creemos que es fundamental crear espacios para voces diversas de todos los contextos. El fondo busca justamente eso: apoyar talentos emergentes con formación y acceso real a oportunidades en la industria del entretenimiento”. La plataforma ha establecido colaboraciones similares en Colombia con la Academia Colombiana de Cine y en Chile con la Academia Nacional de Cine, demostrando una estrategia coherente de fortalecimiento regional.
De gatos domésticos a alienigenas: cuando la imaginación desafía cualquier presupuesto
Uno de los proyectos ganadores es Mishis Star Espaciales, una serie de animación que ejemplifica cómo la creatividad emerge precisamente cuando menos recursos hay disponibles. Dirigida por Lissandro Cottone y producida por Giuliana Capricchioso, ambos formados en la Universidad del Cine, la obra cuenta las aventuras de gatos que son simultáneamente mascotas domésticas y seres del espacio. Como sucede con el gato bengali que combina características salvajes y domésticas, estos personajes fusionan lo cotidiano y lo extraordinario.
“La animación es el medio perfecto para contar ciencia ficción y aventuras. Nos permite crear mundos sin estar limitados por presupuestos cinematográficos tradicionales”, explica Capricchioso. El equipo eligió la técnica de cutout, una metodología que proporciona una vía de producción económicamente viable sin sacrificar la calidad visual.
La historia tiene raíces profundamente personales. Cottone recuerda: “A los cinco años, mi mamá rescató un gato de la calle. Ese gato me acompañó durante toda mi infancia, especialmente cuando enfrentaba acoso en la escuela. Sin palabras, simplemente estaba ahí. Su rebeldía, su curiosidad, esa forma de mirar al mundo desde otra perspectiva, inspiró estos personajes alienígenas. En el proyecto vive esa misma energía, esa capacidad de ver con ojos nuevos”.
Capricchioso añade una reflexión sobre la elección de protagonistas no humanos: “Los animales jugaron un papel vital en mi vida también. Pero además, son símbolos universales que funcionan en diferentes culturas y geografías”. Esta universalidad, paradójicamente, aumenta el potencial de distribución internacional, reduciendo el riesgo de un proyecto que comenzó sin presupuesto.
Muriel Cabeza, productora establecida y ahora mentora del proyecto, observa: “Es único, sorprendente. Tiene vitalidad genuina. La dupla tiene visión clara de hacia dónde va, y eso es fundamental en etapas incipientes”. La pareja ya está utilizando redes sociales y gestiones directas para buscar fondos adicionales y acelerar el desarrollo de personajes, demostrando una autonomía y determinación que caracteriza a la nueva generación de creadores.
Historias del interior que se expanden más allá de fronteras
El segundo proyecto ganador, Piel de durazno, representa una geografía diferente y un compromiso con narrativas olvidadas. Hebe Estrabou, directora y guionista oriunda de La Rioja, y María Eugenia Ferrer, productora de Córdoba, crearon una historia situada en el corazón de la provincia riojana que retrata las dificultades de un trabajador rural enfrentado a circunstancias extremas: el fallecimiento de su esposa, la presión de su patrón para entregar a su hijo a otra familia para asegurar su supervivencia.
La inspiración no proviene de una biografía única, sino de múltiples historias tejidas en el territorio argentino. “Conozco historias de amigos de la infancia, vecinos, compañeros de trabajo. Cuando cuento el proyecto, muchas personas reconocen sus propias experiencias. Algunos dicen: ‘esa es mi historia’. Es profundamente conmovedor”, cuenta Estrabou. Esta resonancia sugiere que las historias provincianas tienen un potencial narrativo que trasciende geografías locales, llegando incluso hasta perspectivas internacionales como las que podrían encontrarse en méxico o cualquier región latinoamericana con similares realidades rurales.
María Eugenia enfatiza la importancia del tema: “Estas historias se asocian frecuentemente con bebés adoptados durante la última dictadura, pero hay realidades presentes de pobreza extrema donde familias entregan a sus hijos por pura supervivencia, no por elección. Queremos que la película visibilice esta realidad ignorada”. Estrabou agrega: “Podría haberme trasladado a Buenos Aires, pero siempre regresaba a La Rioja. Quería filmar desde aquí, sin importar el costo. El Laboratorio fue la experiencia que necesitaba para creerlo posible”.
Lo significativo es que, si logran completar la película, sería la primera realizada enteramente en La Rioja y dirigida por una mujer. Juan Pablo Miller, tutor del proyecto y vicepresidente de CAIC, expresa su entusiasmo: “Las provincias tienen una oportunidad sin precedentes ahora que el INCAA ha reducido su presencia. La serie sobre Menem demostró que La Rioja puede ser centro de producción. Las historias seguirán siendo contadas desde aquí, cueste lo que cueste”.
La reinvención como filosofía permanente
Lo notable es que el Laboratorio no fue una acción aislada. A principios de 2025, las mismas instituciones convocaron a un encuentro de networking federal de productoras para fortalecer la industria colectivamente. Muchos de los participantes del Laboratorio provenían de esa instancia inicial, y algunos retomaron proyectos que habían dejado dormidos. El efecto acumulativo ha sido catalítico: cuando una industria enfrenta desafíos existenciales, la creatividad no disminuye sino que se intensifica.
Ragone concluye: “Todas las historias que atravesaron las tutorías crecieron, y eso que ya estaban muy bien concebidas. Fue fundamental brindar apoyo, pero también alentar a los creadores a presentarse a otros concursos nacionales e internacionales. Ya tienen una credencial”. Miller añade: “Espero que podamos repetir esta iniciativa año tras año. La industria audiovisual argentina ha encontrado su verdadera fuerza: la diversidad genuina, las voces que antes no tenían precio de entrada al mercado, ahora tienen camino”.
El cine argentino, como aquel gato que es simultáneamente doméstico y salvaje, ha descubierto su capacidad de evolucionar sin abandonar su esencia. En tiempos de crisis presupuestaria, la respuesta no fue menos cine, sino cine más diverso, más accesible y, paradójicamente, más potente.
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El gato bengali del cine argentino: cómo la creatividad y alianzas están redefiniendo el precio de la industria audiovisual
La industria cinematográfica argentina enfrenta uno de sus mayores desafíos en décadas. Aunque posee un legado reconocido mundialmente con títulos icónicos que han marcado la historia del cine, la crisis de asistencia a salas y la eliminación de subsidios del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) amenazaban con frenar su trayectoria. Sin embargo, lejos de rendirse, el sector ha demostrado una capacidad de reinvención notable, desplegando nuevas estrategias creativas y formando alianzas decisivas para apoyar especialmente a productores emergentes y a colectivos históricamente marginados. Esta transformación no es accidental: responde a una convicción creciente de que la diversidad no solo es justa, sino también necesaria para que la industria prospere. El precio de mantenerse vigente, parece decir el sector argentino, es precisely el de abrazo la multiplicidad de voces y perspectivas.
La crisis del cine argentino: cuando el precio de los subsidios se vuelve insostenible
La realidad que enfrentó la industria fue devastadora. La disminución radical de subsidios gubernamentales coincidió con una caída drástica en la concurrencia de público a las salas. Muchos auguraban el colapso definitivo de un sector que había sido sinónimo de calidad en América Latina. No obstante, esta presión catalizó una transformación inesperada. En lugar de desaparecer, la industria se reorganizó alrededor de principios más inclusivos y colaborativos. La lección fue clara: el precio de la supervivencia estaba en la reinvención.
Vanessa Ragone, tesorera de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica (CAIC), explica que la crisis no fue solo desafiante sino también liberadora. “Cuando desaparecen los subsidios tradicionales, tienes que pensar diferente. Es ahí cuando surgen las alianzas más genuinas”, comenta. Esta mentalidad fue la que inspiró iniciativas como el Laboratorio Audiovisual de Industria en Foco, un programa intensivo de formación y acompañamiento ideado para mujeres, personas de identidades trans y no binarias dentro de la industria audiovisual.
Laboratorio de sueños: cómo las alianzas estratégicas reducen el precio de entrada para talentos emergentes
El Laboratorio Audiovisual de Industria en Foco nació de una colaboración sin precedentes entre la CAIC, el Fondo Netflix para la Equidad Creativa, el Ministerio de Desarrollo Económico y el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Esta red institucional compartida representaba una nueva filosofía: el precio de crear una industria más equitativa requiere esfuerzos coordinados que transciendan las barreras tradicionales.
La respuesta fue abrumadora. Más de doscientos proyectos llegaron de todo el país. De estos, ocho fueron seleccionados para recibir tutoría intensiva durante tres meses. Dos de ellos alcanzaron la categoría de ganadores y recibieron apoyo económico para avanzar en desarrollo, producción de materiales promocionales y presentación comercial en el mercado. “Lo que más nos sorprendió fue la calidad y la pasión de los participantes. Están ingresando con ideas claras, preguntas profundas, determinación. Saben exactamente qué necesitan y cómo capitalizar esta oportunidad”, cuenta Ragone.
El programa ofreció herramientas específicas: tutorías de escritura de guiones, asesoramiento en pitch (la presentación comercial de proyectos), estrategias de marketing y promoción. Los seleccionados no solo recibieron conocimiento, sino también una red de mentores experimentados que los acompañó en cada etapa. “El tiempo que los mentores dedican es invaluable. Gente que ya conoce los desafíos de filmar en Argentina, que entiende las complejidades de la industria, transmitiendo esa experiencia a la siguiente generación”, añade Ragone.
Netflix, a través de su Fondo para la Equidad Creativa, ha ampliado significativamente su compromiso regional. Pierre Emile Vandoorne, director de Asuntos Públicos de Netflix para Latinoamérica, subraya: “Creemos que es fundamental crear espacios para voces diversas de todos los contextos. El fondo busca justamente eso: apoyar talentos emergentes con formación y acceso real a oportunidades en la industria del entretenimiento”. La plataforma ha establecido colaboraciones similares en Colombia con la Academia Colombiana de Cine y en Chile con la Academia Nacional de Cine, demostrando una estrategia coherente de fortalecimiento regional.
De gatos domésticos a alienigenas: cuando la imaginación desafía cualquier presupuesto
Uno de los proyectos ganadores es Mishis Star Espaciales, una serie de animación que ejemplifica cómo la creatividad emerge precisamente cuando menos recursos hay disponibles. Dirigida por Lissandro Cottone y producida por Giuliana Capricchioso, ambos formados en la Universidad del Cine, la obra cuenta las aventuras de gatos que son simultáneamente mascotas domésticas y seres del espacio. Como sucede con el gato bengali que combina características salvajes y domésticas, estos personajes fusionan lo cotidiano y lo extraordinario.
“La animación es el medio perfecto para contar ciencia ficción y aventuras. Nos permite crear mundos sin estar limitados por presupuestos cinematográficos tradicionales”, explica Capricchioso. El equipo eligió la técnica de cutout, una metodología que proporciona una vía de producción económicamente viable sin sacrificar la calidad visual.
La historia tiene raíces profundamente personales. Cottone recuerda: “A los cinco años, mi mamá rescató un gato de la calle. Ese gato me acompañó durante toda mi infancia, especialmente cuando enfrentaba acoso en la escuela. Sin palabras, simplemente estaba ahí. Su rebeldía, su curiosidad, esa forma de mirar al mundo desde otra perspectiva, inspiró estos personajes alienígenas. En el proyecto vive esa misma energía, esa capacidad de ver con ojos nuevos”.
Capricchioso añade una reflexión sobre la elección de protagonistas no humanos: “Los animales jugaron un papel vital en mi vida también. Pero además, son símbolos universales que funcionan en diferentes culturas y geografías”. Esta universalidad, paradójicamente, aumenta el potencial de distribución internacional, reduciendo el riesgo de un proyecto que comenzó sin presupuesto.
Muriel Cabeza, productora establecida y ahora mentora del proyecto, observa: “Es único, sorprendente. Tiene vitalidad genuina. La dupla tiene visión clara de hacia dónde va, y eso es fundamental en etapas incipientes”. La pareja ya está utilizando redes sociales y gestiones directas para buscar fondos adicionales y acelerar el desarrollo de personajes, demostrando una autonomía y determinación que caracteriza a la nueva generación de creadores.
Historias del interior que se expanden más allá de fronteras
El segundo proyecto ganador, Piel de durazno, representa una geografía diferente y un compromiso con narrativas olvidadas. Hebe Estrabou, directora y guionista oriunda de La Rioja, y María Eugenia Ferrer, productora de Córdoba, crearon una historia situada en el corazón de la provincia riojana que retrata las dificultades de un trabajador rural enfrentado a circunstancias extremas: el fallecimiento de su esposa, la presión de su patrón para entregar a su hijo a otra familia para asegurar su supervivencia.
La inspiración no proviene de una biografía única, sino de múltiples historias tejidas en el territorio argentino. “Conozco historias de amigos de la infancia, vecinos, compañeros de trabajo. Cuando cuento el proyecto, muchas personas reconocen sus propias experiencias. Algunos dicen: ‘esa es mi historia’. Es profundamente conmovedor”, cuenta Estrabou. Esta resonancia sugiere que las historias provincianas tienen un potencial narrativo que trasciende geografías locales, llegando incluso hasta perspectivas internacionales como las que podrían encontrarse en méxico o cualquier región latinoamericana con similares realidades rurales.
María Eugenia enfatiza la importancia del tema: “Estas historias se asocian frecuentemente con bebés adoptados durante la última dictadura, pero hay realidades presentes de pobreza extrema donde familias entregan a sus hijos por pura supervivencia, no por elección. Queremos que la película visibilice esta realidad ignorada”. Estrabou agrega: “Podría haberme trasladado a Buenos Aires, pero siempre regresaba a La Rioja. Quería filmar desde aquí, sin importar el costo. El Laboratorio fue la experiencia que necesitaba para creerlo posible”.
Lo significativo es que, si logran completar la película, sería la primera realizada enteramente en La Rioja y dirigida por una mujer. Juan Pablo Miller, tutor del proyecto y vicepresidente de CAIC, expresa su entusiasmo: “Las provincias tienen una oportunidad sin precedentes ahora que el INCAA ha reducido su presencia. La serie sobre Menem demostró que La Rioja puede ser centro de producción. Las historias seguirán siendo contadas desde aquí, cueste lo que cueste”.
La reinvención como filosofía permanente
Lo notable es que el Laboratorio no fue una acción aislada. A principios de 2025, las mismas instituciones convocaron a un encuentro de networking federal de productoras para fortalecer la industria colectivamente. Muchos de los participantes del Laboratorio provenían de esa instancia inicial, y algunos retomaron proyectos que habían dejado dormidos. El efecto acumulativo ha sido catalítico: cuando una industria enfrenta desafíos existenciales, la creatividad no disminuye sino que se intensifica.
Ragone concluye: “Todas las historias que atravesaron las tutorías crecieron, y eso que ya estaban muy bien concebidas. Fue fundamental brindar apoyo, pero también alentar a los creadores a presentarse a otros concursos nacionales e internacionales. Ya tienen una credencial”. Miller añade: “Espero que podamos repetir esta iniciativa año tras año. La industria audiovisual argentina ha encontrado su verdadera fuerza: la diversidad genuina, las voces que antes no tenían precio de entrada al mercado, ahora tienen camino”.
El cine argentino, como aquel gato que es simultáneamente doméstico y salvaje, ha descubierto su capacidad de evolucionar sin abandonar su esencia. En tiempos de crisis presupuestaria, la respuesta no fue menos cine, sino cine más diverso, más accesible y, paradójicamente, más potente.