Mucho dolor proviene de la obsesión con la “racionalidad”. Siempre queremos aclarar lo correcto e incorrecto, ordenar las causas y efectos, confirmar la justicia, como si solo cuando todo tenga sentido pudiéramos sentirnos en paz. Pero la realidad está llena de inconsciencia y caos, no todo sigue una lógica. Si no podemos aceptar la ambigüedad e incertidumbre en las relaciones, es fácil caer en autoengaños. Muchas personas repiten argumentos no porque no puedan dejar a alguien, sino porque buscan a través de “aclarar las cosas” obtener seguridad y amor. Pero el verdadero crecimiento consiste en aceptar que no todo debe ser racional, y que no todas las preguntas tienen respuestas. Cuando cambias el control del exterior por la responsabilidad propia, la autoagresión disminuirá.
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Mucho dolor proviene de la obsesión con la “racionalidad”. Siempre queremos aclarar lo correcto e incorrecto, ordenar las causas y efectos, confirmar la justicia, como si solo cuando todo tenga sentido pudiéramos sentirnos en paz. Pero la realidad está llena de inconsciencia y caos, no todo sigue una lógica. Si no podemos aceptar la ambigüedad e incertidumbre en las relaciones, es fácil caer en autoengaños. Muchas personas repiten argumentos no porque no puedan dejar a alguien, sino porque buscan a través de “aclarar las cosas” obtener seguridad y amor. Pero el verdadero crecimiento consiste en aceptar que no todo debe ser racional, y que no todas las preguntas tienen respuestas. Cuando cambias el control del exterior por la responsabilidad propia, la autoagresión disminuirá.