Juzgar si los padres son adecuados, en realidad, tiene un criterio muy simple. Observar si el niño frente a ellos está relajado o tenso. ¿Quiere hablar? ¿Se expresa con cuidado? ¿Se reprime cuando surge su emoción? ¿Puede tener sus propias ideas, sus propias decisiones y responsabilizarse por los resultados? Si un niño en casa está relajado, cómodo, sin necesidad de agradar ni de tener miedo; puede expresar opiniones diferentes, también puede ser guiado; hay reglas, pero no hay humillación; hay límites, pero no control. Entonces, estos padres, en esencia, son adecuados. Una verdadera buena relación entre padres e hijos no consiste en criar a un niño que sea obediente, sino en que durante su crecimiento, siempre mantenga una sensación de poder y subjetividad.
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Juzgar si los padres son adecuados, en realidad, tiene un criterio muy simple. Observar si el niño frente a ellos está relajado o tenso. ¿Quiere hablar? ¿Se expresa con cuidado? ¿Se reprime cuando surge su emoción? ¿Puede tener sus propias ideas, sus propias decisiones y responsabilizarse por los resultados? Si un niño en casa está relajado, cómodo, sin necesidad de agradar ni de tener miedo; puede expresar opiniones diferentes, también puede ser guiado; hay reglas, pero no hay humillación; hay límites, pero no control. Entonces, estos padres, en esencia, son adecuados. Una verdadera buena relación entre padres e hijos no consiste en criar a un niño que sea obediente, sino en que durante su crecimiento, siempre mantenga una sensación de poder y subjetividad.