Larry Ellison, de 81 años: cómo un programador rebelde se convirtió en el arquitecto de un imperio global de TI

En septiembre de 2025, el mundo observó cómo Larry Ellison, fundador de Oracle, desplazaba de la cima a la posición de mayor riqueza que había mantenido durante años Elon Musk. En un solo día, la fortuna de Ellison aumentó en más de 100 mil millones de dólares, alcanzando los 393 mil millones, la cifra más alta entre las personas en el planeta. Este sorprendente giro en la jerarquía mundial de la riqueza no solo refleja un acuerdo comercial exitoso, sino también el credo de vida único de este empresario de 81 años, que en cuatro décadas ha cambiado la paradigma de las tecnologías digitales.

La historia de Larry Ellison es una narración sobre cómo una persona puede salir de una profunda nihilismo y convertirse en una fuerza impulsora de una industria multimillonaria. Es momento de analizar el camino que lo llevó desde una infancia abandonada hasta liderar una de las corporaciones más poderosas de la actualidad.

De la orfandad al primer éxito: cómo Ellison encontró su vocación

Larry Ellison nació en 1944 en el Bronx, Nueva York, en una familia marcada desde el principio por la inestabilidad. Su madre, una joven de 19 años sin matrimonio, solo pudo dejarlo al cuidado de su hermana en Chicago. La infancia del joven, marcada por la modestia y la sensación de abandono, moldeó sus ambiciones posteriores. Fue criado por padres adoptivos empleados públicos, quienes le proporcionaron solo lo esencial, no comodidad.

Su etapa universitaria fue una tentativa rutinaria de cumplir con las expectativas sociales. Entró en la Universidad de Illinois, pero un conflicto interno y la muerte de su madre adoptiva lo llevaron a abandonar los estudios. Luego intentó en la Universidad de Chicago, pero solo cursó un semestre. Para entonces, a los 20 años, Ellison comprendía que el sistema académico no era para él.

En cambio, se trasladó a Berkeley, California, el corazón de la contracultura y la innovación tecnológica. Allí escuchó sobre las oportunidades que ofrecía la programación. Trabajar en Ampex Corporation a principios de los 70 fue un punto de inflexión. La compañía desarrollaba sistemas para almacenamiento y procesamiento de datos. Ellison participó en un proyecto de gran importancia: la creación de un sistema de bases de datos para la inteligencia estadounidense (CIA). Este contrato le permitió entender el enorme potencial comercial de las tecnologías de gestión de datos.

El nacimiento de Oracle: cómo un rebelde de 32 años conquistó el mundo de las bases de datos

En 1977, Larry Ellison, junto con dos colegas — Bob Miner y Ed Oates — fundaron Software Development Laboratories (SDL) con un capital inicial de solo 2000 dólares (Ellison aportó 1200). Basándose en su experiencia con la CIA y en el modelo relacional de datos, crearon un sistema universal de gestión comercial: Oracle. En ese momento, fue una idea revolucionaria: la primera base de datos ampliamente accesible y escalable para grandes empresas.

A diferencia de los académicos que desarrollaban la teoría de bases de datos, Ellison tenía una capacidad única para prever el valor comercial de esa tecnología. No inventó la base de datos, pero fue el primero en creer en su potencial de negocio y estuvo dispuesto a apostar todo por ella. Este momento psicológico definió todo su desarrollo posterior.

La empresa creció rápidamente. En 1986, Oracle salió a Nasdaq y se convirtió en una estrella del mercado de software corporativo. Ellison tenía un carácter rebelde y ambicioso: ocupó casi todos los cargos directivos. Desde 1978 hasta 1996 fue presidente; de 1990 a 1992, presidente del consejo. También sufrió las consecuencias de su carácter aventurero: en 1992 casi muere practicando surf, pero ni esa experiencia cercana a la muerte lo detuvo. Regresó a la compañía en 1995 y la dirigió otros diez años.

A través de las tormentas de la computación en la nube: cómo Oracle mantuvo su lugar entre los gigantes

Durante más de cuarenta años, Ellison observó los altibajos de su corporación. Al inicio de la era de la computación en la nube en los 2000, parecía que Oracle se rezagaba frente a los nuevos competidores — Amazon AWS y Microsoft Azure. Los críticos predijeron la desaparición de los proveedores tradicionales de bases de datos. Sin embargo, Ellison poseía algo que muchos otros no tenían: una profunda comprensión de las necesidades corporativas y un instinto empresarial que detecta lo que realmente requiere el mercado.

En esta ocasión, Oracle no perdió la carrera: cambió las reglas del juego. La compañía permaneció como proveedor clave para las mayores corporaciones, que aún necesitaban soluciones confiables y escalables para gestionar datos críticos. En 2014, Ellison cedió el puesto de CEO a un colega más joven, pero permaneció como presidente ejecutivo y director técnico principal — no abandonó la empresa, solo cambió su posición de observador en su evolución.

La segunda vuelta con IA: cómo el tecnólogo de 81 años llevó a Oracle de nuevo a la cima

El otoño de 2025 trajo un giro esperado. Oracle anunció la firma de cuatro contratos por sumas de cientos de miles de millones de dólares en un trimestre, incluyendo un acuerdo de cinco años con OpenAI valorado en cerca de 300 mil millones. En un solo día de comercio, las acciones de la compañía subieron un 40% — la mayor subida en un solo día desde 1992. Fue un momento de justicia para su fundador de 81 años.

La razón del éxito es simple: el mundo necesita urgentemente infraestructura de IA. En 2025, Oracle invirtió miles de millones en centros de datos y equipamiento, preparándose para esta carrera. Al mismo tiempo, la compañía realizó recortes de varios miles de empleados, principalmente en departamentos tradicionales, redirigiendo recursos a nuevas áreas. Oracle, que antes era criticada por su obsolescencia, se convirtió en uno de los principales proveedores de infraestructura de IA. Siguiendo su táctica habitual, Larry Ellison consideró no solo lo que ocurría ayer, sino lo que será necesario mañana.

La filosofía de la supervivencia: cómo la autodisciplina y la perseverancia definen el destino de un multimillonario

A diferencia de muchos otros multimillonarios tecnológicos, Larry Ellison vive en un paradoja. Posee el 98% de la isla Lana’i en Hawái, varias mansiones lujosas en California y uno de los yates privados más grandes del mundo. Sin embargo, combina esa opulencia con una estricta autodisciplina. Según exgerentes, en los 1990-2000 Ellison entrenaba varias horas diarias. Su dieta — agua y té verde, sin bebidas azucaradas. Este estilo de vida le permitió, a los 81 años, lucir prácticamente veinte años más joven que sus contemporáneos.

El deporte no es solo un pasatiempo, sino una filosofía. En 2013, su Oracle Team USA realizó una remontada increíble, ganando la Copa América de vela. También fundó la liga SailGP, atrayendo a inversores destacados. El tenis es otra de sus pasiones; revitalizó el famoso torneo de Indian Wells, conocido como el “quinto Grand Slam”. Para él, el deporte es un medio para mantener el equilibrio entre la actividad mental intensa y la actividad física.

En su vida personal, Ellison ha tenido cuatro matrimonios — un tema que genera interés público. En 2024, se casó con Jolin Zhu, una mujer china 47 años menor que él. La noticia causó gran revuelo. Los usuarios en redes sociales bromeaban diciendo que Ellison se enamora con la misma intensidad con que practica surf — con entrega total y sin miedo.

El imperio sobre el océano: cómo la familia Ellison amplía su dominio

La fortuna de Larry Ellison ha trascendido hace tiempo la felicidad personal. Su hijo David Ellison adquirió Paramount Global — la matriz de CBS y MTV — por 8 mil millones de dólares, de los cuales 6 mil millones los aportó la familia. Con ello, entraron en la industria de Hollywood. El padre domina las tecnologías de Silicon Valley, el hijo controla los medios; juntos, construyen un poder expandido y ancestral.

En la arena política, Larry Ellison también es un actor activo. Apoya desde hace tiempo al Partido Republicano y ha financiado campañas políticas importantes. En 2015, financió las aspiraciones presidenciales de Marco Rubio; en 2022, donó 15 millones de dólares al supercomité del senador Tim Scott. Recientemente, junto con Masayoshi Son (CEO de SoftBank) y Sam Altman (CEO de OpenAI), anunció un proyecto conjunto para crear una red de centros de datos de IA por valor de 500 mil millones de dólares — no solo un negocio, sino una expansión de influencia en una nueva era.

La nobleza como elección: cómo el multimillonario planea usar su riqueza

En 2010, Larry Ellison firmó “The Giving Pledge”, prometiendo donar al menos el 95% de su fortuna. A diferencia de Bill Gates o Warren Buffett, no busca iniciativas colectivas. En una entrevista con The New York Times, afirmó: “Valoro la soledad y no quiero que mis ideas sean influenciadas por opiniones ajenas”. Su filantropía tiene un carácter claramente personal.

En 2016, donó 200 millones de dólares a la Universidad del Sur de California para investigación del cáncer. Recientemente, anunció el Ellison Institute of Technology, un proyecto conjunto con la Universidad de Oxford para investigar medicina, alimentación y cambio climático. En su mensaje, escribió: “Necesitamos desarrollar una nueva generación de medicamentos, crear sistemas agrícolas económicos y promover energía limpia y eficiente”. La filantropía de Ellison no es solo nobleza para la conciencia, sino una forma de materializar su visión del futuro.

La leyenda inconclusa: cómo a los 81 años, Larry Ellison demostró que los viejos titanes aún están vivos

Larry Ellison finalmente alcanzó la cima del ranking mundial de riqueza a los 81 años. Su camino comenzó con un contrato con la CIA, pasó por la creación de una base de datos global y lo llevó a una posición clave en el mundo de la inteligencia artificial. No inventó la tecnología, sino que previó su valor y fue lo suficientemente terco para apostar todo por ella.

Su riqueza, poder, deporte, aventuras y filantropía nunca han sido tranquilos ni previsibles. Sigue siendo el rebelde de Silicon Valley, que no temió avanzar cuando otros dudaban. La presión del más rico del mundo puede cambiar otra vez — esas clasificaciones son volátiles. Pero Larry Ellison ya ha demostrado que, en una era donde la inteligencia artificial reescribe las reglas del juego, los viejos titanes tecnológicos aún no han terminado su historia. Solo estaban esperando su momento para brillar en el escenario mundial.

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