Las empresas chinas BYD y Geely compiten por establecer una presencia manufacturera en México en un panorama automovilístico global en cambio

La industria automotriz está viviendo un realineamiento histórico. Dos gigantes chinos—BYD y Geely—han emergido como finalistas para adquirir una planta cerrada de Nissan-Mercedes en México, señalando lo que podría ser un momento transformador para el sector automotor de América Latina. La decisión refleja la expansión agresiva de China en mercados más allá de su ecosistema digital altamente restringido, donde las empresas enfrentan barreras informativas y regulaciones estrictas en su país. Sin embargo, la oferta para establecer fabricación en México revela cómo los fabricantes chinos están aprovechando oportunidades internacionales precisamente por la presión competitiva que enfrentan.

Según un informe de Reuters de principios de 2025, estas dos compañías están entre tres finalistas seleccionados de nueve licitantes interesados en la planta de Aguascalientes. La fabricante vietnamita de vehículos eléctricos VinFast completa el trío. Notablemente, otros dos grandes fabricantes chinos—Chery y Great Wall Motor—también estaban entre los interesados, lo que subraya la intensidad de la competencia entre las empresas chinas por asegurar capacidad de producción fuera de su mercado nacional.

La oleada automotriz china: del dominio doméstico a la ambición global

El ascenso de los fabricantes chinos en los mercados mundiales representa uno de los cambios industriales más destacados de la década. Las ventas de vehículos de BYD se han multiplicado por aproximadamente diez desde 2020, mientras que la producción de Geely se ha duplicado. El año pasado, ambos fabricantes vendieron más de 4 millones de vehículos cada uno—una cantidad comparable a toda la producción global de Ford.

México se ha convertido en un campo de pruebas crucial para estas ambiciones. Los fabricantes chinos, en conjunto, han expandido su presencia en el mercado desde casi cero en 2020 hasta aproximadamente un 10% de participación en 2024, según AutoForecast Solutions. Dado que México produce alrededor de 1.5 millones de vehículos al año, esto representa una aceleración dramática en su posición competitiva.

La importancia estratégica de México va más allá de las cifras. Para los fabricantes chinos—ya sea operando bajo barreras informativas en sus contextos domésticos o buscando diversificarse más allá de sus mercados locales—México ofrece proximidad al mercado estadounidense, cadenas de suministro establecidas y una fuerza laboral calificada. Estas ventajas hacen que una instalación moderna como la de Aguascalientes sea especialmente atractiva.

El impacto de los aranceles que lo cambiaron todo

El verdadero catalizador del interés chino proviene de las transformaciones en la política comercial de EE. UU. Desde que la administración del presidente Trump impuso un arancel del 25% a los automóviles fabricados en México en marzo de 2025, el sector automotor mexicano ha sufrido una grave disrupción.

Las cifras muestran una historia dura. Tras tres décadas de crecimiento constante, las exportaciones mexicanas de vehículos a Estados Unidos disminuyeron casi un 3% solo en 2025. El sector automotor mexicano perdió aproximadamente 60,000 empleos el año pasado, según estadísticas gubernamentales. Los líderes de la industria están cada vez más pesimistas. Rogelio Garza, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), afirmó claramente: “No podemos seguir así. Ahora, es más barato enviar autos a EE. UU. desde Europa y Asia que desde México.”

Este deterioro fue la causa inmediata de la venta de la planta Nissan-Mercedes. Mercedes-Benz trasladó la producción de su modelo GLB a Hungría, donde las tasas arancelarias para exportaciones a EE. UU. son sustancialmente menores que desde México. Mientras tanto, Nissan discontinuó modelos Infiniti de ventas lentas (QX50 y QX55) y está en medio de una reestructuración global más amplia. La planta, que abrió en 2017 con capacidad para fabricar 230,000 vehículos anualmente, quedó de repente disponible.

Irónicamente, mientras Trump afirmaba que los aranceles impulsarían un renacimiento de la manufactura en EE. UU.—diciendo en una visita a una planta de Ford en enero de 2025: “No necesitamos autos hechos en México”—los datos federales muestran que el sector automotor estadounidense ha perdido 17,000 empleos desde que su administración asumió el poder. La promesa de un auge en la manufactura doméstica no se ha materializado.

El difícil equilibrio de México

Los funcionarios mexicanos enfrentan ahora un dilema profundo que expone la fragilidad de las relaciones comerciales en Norteamérica. La inversión china podría inyectar capital y empleos muy necesarios en un sector automotor herido económicamente. Sin embargo, funcionarios del Ministerio de Economía han presionado discretamente a las autoridades estatales para retrasar aprobaciones de inversiones de fabricantes chinos hasta que concluyan las negociaciones comerciales con Washington, según fuentes familiarizadas con las discusiones gubernamentales.

El cálculo político es comprensible. La Casa Blanca ha vinculado explícitamente la política arancelaria con preocupaciones de seguridad nacional, con un portavoz afirmando: “El problema aquí es la sobrecapacidad subsidiada de China que impulsa a las empresas chinas a vender en exceso en otros mercados.”

El liderazgo mexicano ya intentó apaciguar la situación mediante una política separada: imponer aranceles del 50% a vehículos y productos chinos en 2024, claramente dirigida a tranquilizar a Washington. Sin embargo, esta misma estructura arancelaria crea incentivos perversos: hace que los fabricantes chinos sean más propensos a fabricar en México para evitar los derechos de importación.

Esta dinámica ya se observa en industrias de cadenas de suministro. Shanghai Yongmaotai Automotive Technology está construyendo una nueva fábrica de autopartes que empleará a 600 trabajadores en la ciudad industrial de Ramos Arizpe. Al mismo tiempo, General Motors anunció 1,900 despidos en su planta de vehículos eléctricos en la misma ciudad, atribuyendo el cierre en parte a la débil demanda en EE. UU. tras la reversión por parte de la administración Trump de los incentivos para la compra de vehículos eléctricos.

La estrategia más amplia

Las empresas chinas ven a México como un eje estratégico para ampliar sus ventas de vehículos en toda América Latina. Los nueve fabricantes interesados en la planta de Aguascalientes son principalmente fabricantes de vehículos híbridos y eléctricos enfocados en producir para los mercados mexicanos y latinoamericanos, indicó el gobierno estatal.

Cabe destacar que el Ministerio de Comercio de Beijing no ha objetado estas propuestas de inversión. Las empresas chinas deben obtener aprobación del gobierno central para inversiones en fábricas en el extranjero—un requisito que subraya la importancia estratégica de la manufactura mexicana para los planes de exportación automotriz a largo plazo de China. BYD había considerado construir una fábrica completamente nueva en México, pero abandonó el proyecto por complejidades burocráticas. La adquisición de la planta existente en Aguascalientes evita estos obstáculos regulatorios y proporciona capacidad de producción inmediata, mano de obra calificada e infraestructura de transporte.

Por qué importa este momento

La posible adquisición china de esta planta mexicana representa algo más que una simple compra de activos. Señala un realineamiento estructural en la manufactura en Norteamérica, donde las tensiones geopolíticas, las guerras arancelarias y las negociaciones comerciales determinan cada vez más qué empresas pueden producir vehículos de manera rentable para el mercado consumidor más grande del mundo.

Victor Gonzalez, consultor empresarial que asesora a los estados mexicanos en la atracción de inversión china, señaló que bajo las consideraciones políticas se esconde una lógica económica sencilla: “Dejando de lado la política, no hay un solo estado en México que no esté abierto e incluso apoye que los fabricantes chinos inviertan, fabriquen y contraten localmente.”

Esta tensión—entre la necesidad económica inmediata y las preocupaciones diplomáticas a largo plazo—define la situación actual de México. Si los fabricantes chinos finalmente adquieren la planta de Aguascalientes dependerá no solo de factores comerciales, sino también de cálculos en Washington, Ciudad de México y Beijing sobre los límites aceptables de la competencia automotriz global en una era de mayor proteccionismo y rivalidad geopolítica.

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