La plata retrocede un 18% desde su punto más alto, el oro retrocede un 5% ¡La lógica de la fijación de precios de los metales preciosos tras el conflicto entre EE. UU. e Irán se reconstruye!

Recientemente, la situación geopolítica en Oriente Medio ha experimentado cambios drásticos. Desde el ataque militar de Israel y Estados Unidos contra Irán el 28 de febrero, los mercados de metales preciosos han atravesado una tendencia de “montaña rusa” extremadamente inusual. Según datos de Gate, el plata spot subió hasta 98 dólares por onza en las primeras fases del conflicto, pero actualmente cotiza en 83.8 dólares, lo que representa una caída significativa del aproximadamente 18% desde su pico; el oro spot también retrocedió desde un máximo de 5,420 dólares por onza hasta cerca de 5,150 dólares, una caída de aproximadamente 5.3%. Al mismo tiempo, el sentimiento en el mercado de derivados se ha vuelto más cauteloso, y según PolyBeats, la probabilidad de que el oro spot caiga por debajo de 5,100 dólares antes de finales de marzo ha aumentado al 71%.

Trayectoria de los metales preciosos bajo conflictos geopolíticos

Cualquier volatilidad significativa en los precios de los activos resulta de la interacción entre hechos y la interpretación del mercado. La reciente tendencia en los metales preciosos puede dividirse claramente en dos fases.

Primera fase (inicio del conflicto): aumento acelerado del apetito por refugio. El 28 de febrero, EE. UU. y Reino Unido llevaron a cabo ataques aéreos contra Irán, que respondió bloqueando el estrecho de Hormuz y lanzando misiles. Como activos tradicionales de refugio, el oro y la plata atrajeron rápidamente flujos de capital. El oro spot superó los 5,400 dólares el 2 de marzo, alcanzando un máximo intradía de 5,420 dólares; la plata mostró mayor elasticidad, alcanzando los 98 dólares por onza. La lógica que impulsó esta fase fue puramente la prima de riesgo geopolítico.

Segunda fase (receso del ánimo y cambio de lógica): fuerte retroceso de precios. En pocos días, el mercado cambió de dirección. La noche del 3 de marzo, los metales preciosos sufrieron una caída abrupta, con el oro bajando más del 6% y rompiendo la barrera de los 5,000 dólares, mientras que la plata cayó hasta un 12% intradía. Aunque en los dos días siguientes los precios se recuperaron parcialmente, al 5 de marzo, los precios del oro y la plata habían retrocedido un 5.3% y un 18% desde sus picos en el conflicto. La lógica dominante en el mercado pasó de ser simplemente “refugio” a involucrar factores macroeconómicos más complejos.

La estructura diferenciada detrás de los datos

La caída del 18% en la plata supera ampliamente la caída del 5.3% en el oro, y esta diferencia en sí misma es un punto clave de análisis.

La divergencia en los movimientos del oro y la plata se debe principalmente a sus atributos duales. El oro, con su fuerte carácter financiero (refugio, protección contra la inflación, reserva de valor), es mucho más resistente a los shocks económicos y geopolíticos que la plata, que tiene una significativa componente industrial (aproximadamente el 50% de la demanda global proviene de sectores como energía fotovoltaica y componentes electrónicos). Cuando la lógica del mercado cambia de refugio a preocupaciones sobre el crecimiento económico, la demanda industrial de plata se ve afectada directamente, lo que aumenta su elasticidad y profundidad de caída.

Una presión estructural aún más profunda proviene de las expectativas inflacionarias y la reconfiguración de las políticas monetarias. La tensión en el estrecho de Hormuz elevó los precios internacionales del petróleo, con WTI y Brent subiendo más del 9 intradía. Este aumento en los precios del petróleo intensificó las preocupaciones sobre una reactivación inflacionaria en EE. UU. y llevó a que la Reserva Federal pudiera mantener tasas altas por más tiempo o incluso volver a apretar la política monetaria. El presidente de la Reserva de Minneapolis, Kashkari, mencionó que la guerra en Oriente Medio podría crear un escenario que justifique una pausa prolongada en las subidas de tasas. Este cambio en las expectativas presiona la atracción del oro, que no genera rendimiento, y se convierte en un factor macroeconómico clave que limita la subida de los metales preciosos.

Sentimiento del mercado y divergencias de opinión

El sentimiento actual del mercado muestra una polarización marcada, lo cual suele ser un indicador de mayor volatilidad en los precios.

Por un lado, los optimistas siguen firmes. Su argumento central es que los factores estructurales a largo plazo no han cambiado: la tendencia global de “desdolarización”, las compras continuas de oro por parte de bancos centrales, el deterioro del déficit fiscal estadounidense y la pérdida de confianza en el dólar constituyen fundamentos sólidos para un alza sostenida del oro a medio y largo plazo. Varias instituciones mantienen su visión de que el oro puede superar los 6,000 dólares por onza e incluso más, y que la plata puede volver a los 120 dólares en un escenario de conflicto prolongado.

Por otro lado, los cautelosos o bajistas se enfocan en los riesgos a corto plazo. Argumentan que el precio del oro ya había subido más del 8% en febrero, anticipándose a la escalada geopolítica, y que la reacción del mercado tras los hechos puede ser de toma de ganancias (“comprar en expectativas, vender en hechos”). Además, el aumento en los precios del petróleo ha contrarrestado las expectativas de recortes de tasas, que actualmente son un factor negativo para el oro. El analista de Orient Financial, Kashkari, señala que la corrección actual responde principalmente a la toma de beneficios tras la subida rápida y a la mayor inflación que limita la política monetaria.

La veracidad de las narrativas: ¿refugio o protección contra la inflación?

Este ciclo de mercado ofrece una excelente oportunidad para analizar la veracidad y efectividad de las narrativas del mercado. Al inicio del conflicto, prevaleció la narrativa de refugio, y los precios del oro subieron. Sin embargo, tras el aumento del petróleo, la narrativa cambió rápidamente a una de “inflación en contra”, considerando que los precios elevados del petróleo retrasarían los recortes de tasas, lo que sería negativo para el oro.

Surge así una pregunta clave: ¿ha fallado la función de refugio del oro?

La respuesta no es tan simple. La función de refugio del oro nunca desapareció; lo que cambió fue la lógica de negociación a corto plazo. En los momentos iniciales tras el conflicto, el oro efectivamente actuó como refugio (primera ola de subida). Pero cuando las expectativas de que el conflicto se prolongue y afecte de manera sustancial a la economía global (por ejemplo, por el aumento del petróleo, la inflación y las cadenas de suministro) comenzaron a consolidarse, la contradicción principal en la negociación pasó a ser: “¿la economía empeorará más?” y “¿cómo responderán los bancos centrales?”. La caída actual refleja que el mercado está valorando una respuesta de los bancos centrales para mantener la lucha contra la inflación, lo que reduce la atracción del oro sin rendimiento.

Por lo tanto, la narrativa de que los activos refugio no lo son en realidad es parcial. Una descripción más precisa sería que el mercado está en transición de una lógica de “refugio geopolítico” a otra de “factores macroeconómicos negativos”. La caída de precios no significa que el oro haya perdido su función de refugio, sino que los nuevos factores macroeconómicos (expectativas de endurecimiento monetario) están dominando temporalmente la demanda de refugio.

Implicaciones y aprendizajes para el sector de criptoactivos

Aunque este análisis se centra en el oro y la plata, la lógica de evolución de sus precios tiene importantes implicaciones para el mercado de criptomonedas.

Primero, la influencia macroeconómica. Bitcoin y otros criptoactivos principales han mostrado en los últimos años un comportamiento correlacionado con los índices de riesgo, como el Nasdaq, aunque todavía mantienen la narrativa de “oro digital”. Si el conflicto entre EE. UU. e Irán mantiene alta la inflación global y obliga a la Fed a mantener una política restrictiva, esto podría presionar tanto al oro como a las criptomonedas a través de la reducción de liquidez. Por otro lado, si el conflicto genera pánico y una recesión global, los inversores podrían buscar activos descentralizados para cubrirse, fortaleciendo la narrativa de las criptomonedas a largo plazo.

En segundo lugar, los riesgos de contagio geopolítico. La tensión en Oriente Medio puede afectar los costos energéticos y la cadena de suministro de metales clave (como cobre y aluminio), elevando los costos de minería y hardware para minería de criptomonedas, lo que podría impactar en la rentabilidad y en la velocidad de innovación en el sector.

Escenarios posibles y evolución futura

Con base en los hechos y la lógica actual, podemos esbozar tres escenarios para el mercado de metales preciosos:

Escenario 1: Desescalada y retroceso (probabilidad alta)
Si el conflicto se mantiene en niveles controlados, sin escalar a guerra total o ocupaciones prolongadas, y el estrecho de Hormuz se reabre rápidamente, la prima de riesgo geopolítico disminuirá, los precios del petróleo caerán, y las expectativas inflacionarias se moderarán. El mercado volverá a centrarse en las decisiones de la Fed. En este escenario, el oro y la plata podrían continuar en una tendencia de consolidación o retroceso, probando soportes en torno a los 5,000 dólares para el oro y 80 dólares para la plata.

Escenario 2: Conflicto estancado y alta volatilidad
Si el conflicto se prolonga, con el estrecho de Hormuz en situación de incertidumbre, los precios del petróleo se mantienen elevados, y el mercado entra en una fase de “estanflación” (inflación alta con crecimiento económico débil). Aquí, el oro, con su carácter de protección contra la inflación y refugio, podría mantenerse en rangos de 5,000 a 5,500 dólares, con la plata mostrando mayor volatilidad debido a su componente industrial y financiero.

Escenario 3: Escalada y ruptura de tendencia (probabilidad baja)
Si EE. UU. moviliza tropas en Irán o Irán adopta medidas extremas que interrumpan el suministro mundial de petróleo, provocando una crisis inflacionaria severa y recesión, el oro podría romper máximos históricos. La plata, inicialmente afectada por la caída de la demanda industrial, podría experimentar una fuerte volatilidad, pero en última instancia seguiría la tendencia alcista del oro, dada su función como activo financiero.

Conclusión

Desde el inicio del conflicto entre EE. UU. e Irán, los metales preciosos han mostrado una caída significativa, pero esto no implica que hayan perdido su función de refugio. La diferencia en la caída entre plata y oro refleja la mayor vulnerabilidad de la plata a shocks macroeconómicos y su componente industrial. El futuro del mercado dependerá de la duración del conflicto, la respuesta del mercado petrolero y las políticas de los bancos centrales. Para los inversores, distinguir entre las fluctuaciones de corto plazo y los valores estructurales a largo plazo será clave en un entorno de alta volatilidad.

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