Una persona no puede ser solo pura "blanca", ni tampoco completamente "negra", sino que debe convertirse en alguien con grados de gris. Frente a personas amables y honestas, responder con buena voluntad, sinceridad y reglas; mientras que frente a personas malintencionadas y sin principios, es necesario mostrar una faceta firme y afilada para protegerse. En otras palabras, una persona madura necesita tener en su interior dos sistemas operativos diferentes. Estos dos sistemas no son contradictorios, sino que se complementan: mantener la luz y la buena voluntad con las personas que lo merecen, y mantener límites y medios con quienes no lo merecen. La clave está en juzgar la situación y activar la forma adecuada en el momento oportuno. La verdadera madurez no consiste en ser siempre una buena persona, ni en convertirse en una mala persona, sino en mantener grados de gris entre el negro y el blanco — pudiendo mantener la bondad y también saber protegerse a uno mismo.

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