¿Por qué Argentina necesita aprender de Chile en comercio? El valor de la consistencia en el tiempo

Argentina enfrenta una paradoja comercial. Mientras el país busca “nivelar la cancha” ante importaciones, invirtiendo energías en reducir impuestos domésticos y costos internos, existe un espejo que ha funcionado durante décadas al otro lado de la Cordillera: Chile. Este país ha invertido el tiempo y la constancia en construir una arquitectura comercial completamente diferente, basada en acuerdos estables y políticas que no cambian cada vez que cambia de gobierno.

Chile: La lección de 25 años de política comercial consistente

Mientras Argentina ha oscilado entre apertura extrema en los 90 y cierre proteccionista después, Chile ha mantenido una línea clara. En los últimos 25 años, el país trasandino ha firmado 34 acuerdos comerciales que cubren aproximadamente 60 economías, representando el 86% del producto bruto interno mundial. No se trata solo de números: cada uno de esos pactos genera una ventaja acumulativa para las empresas chilenas que no disfrutan las argentinas integradas en el Mercosur.

Las empresas chilenas llegan a mercados internacionales con tratamientos preferenciales, aranceles reducidos y marcos regulatorios predecibles. En contraste, las empresas argentinas del Mercosur enfrentan una cancha desnivelada desde el inicio. La diferencia no está en la capacidad productiva sino en la arquitectura institucional que los gobiernos construyen o destruyen a lo largo del tiempo.

El péndulo argentino: De la apertura al proteccionismo extremo

La historia comercial argentina es la historia de un péndulo que nunca se estabiliza. Los años 90 trajeron apertura, pero después vino el giro brutal hacia el proteccionismo extremo durante el kirchnerismo. Se revivieron políticas de sustitución de importaciones oxidadas, se multiplicaron las medidas no arancelarias como las DJAI y SIRA, resurgieron las licencias no automáticas. Pero el extremo llegó en la gestión de Guillermo Moreno, cuando se implementó una regla insólita: quien quisiera importar debía demostrar que exportaba. Las automotrices no vendían realmente al exterior; simulaban exportaciones de aceitunas para obtener permisos de compra internacional.

Las misiones comerciales a Angola se convirtieron en expediciones políticas donde los empresarios participaban no para vender, sino para acumular “puntos” con la autoridad y lograr autorizaciones de importación. La temperatura invernal de 20 grados en Angola poco importaba si el verdadero objetivo era el beneplácito de quien controlaba el comercio desde el escritorio.

Las retenciones a las exportaciones: Otro nivel de desigualdad

Mientras se habla de “nivelar la cancha” para importadores, existe una realidad que afecta directamente a los exportadores argentinos: las retenciones. Impuestos a las exportaciones que casi ningún país del planeta aplica. El gobierno actual avanza en su eliminación—un veneno que ha sofocado la competitividad externa durante décadas. Y acaba de firmar un acuerdo comercial con Estados Unidos, que podría ser un primer paso.

Pero aquí está el problema de la temporalidad. Chile no necesitó esperar a acordar con potencias para construir su red comercial. Pasó el tiempo, acumuló consistencia, cambió presidentes y partidos, pero ninguno abandonó la búsqueda de nuevos acuerdos. Argentina, dentro del Mercosur, tiene capacidad limitada para modificar unilateralmente sus aranceles. Su estructura institucional requeriría transformación profunda no solo del bloque sino de Brasil también.

La factor tiempo en la política comercial: Lo que Chile entiende y Argentina olvida

No se trata solo de firmar un acuerdo con Estados Unidos. Se trata de mantenerlo sin que los cambios de gobierno provoquen zigzagueos. Los presidentes chilenos cambian. Los partidos gobernantes se alternan. Pero a ninguno se le ocurre abandonar la acumulación de acuerdos comerciales. Es una continuidad institucional que Argentina no ha logrado construir. La apertura comercial requiere tiempo. Los acuerdos requieren tiempo. La confianza comercial internacional requiere tiempo.

Argentina tiene la oportunidad de usar el tiempo de manera diferente. No esperar años para “nivelar la cancha” en importaciones mientras sus exportadores aún pagan retenciones. No cambiar de política con cada nuevo gobierno. No modificar genéticamente el Mercosur mañana si los incentivos políticos domésticos lo demandan. Chile demostró que el tiempo es el aliado de la política comercial consistente. Argentina necesita aprender que el tiempo no es un lujo sino una estrategia.

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