La razón por la que las personas se sienten ansiosas y sufrientes, a menudo no es por la realidad en sí misma, sino porque tomamos nuestras interpretaciones, etiquetas e historias en la cabeza como absolutamente verdaderas y nos aferramos a ellas — esto es lo que se llama “aferrarse a las apariencias”. Una vez que somos conscientes de que estas son solo construcciones subjetivas y no la realidad en sí, entre la persona y el mundo se abrirá un espacio adicional: ya no estaremos secuestrados por narrativas como identidad, evaluación, éxito o fracaso. Al soltar este apego, la realidad se convertirá en un juego que se puede observar y experimentar, por lo que el mundo se volverá más ligero, interesante y jugable.

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