Un amigo de carácter pausado, en realidad puede curar tu “enfermedad aguda”. Él no se apresura, no tiene prisa por dar respuestas, ni por llevar las cosas a un resultado. Después de convivir mucho tiempo con alguien así, poco a poco descubrirás: en realidad muchas cosas no necesitan ser tan urgentes. La razón por la que la gente se apresura, a simple vista, parece ser eficiencia, ambición y esfuerzo, pero desde una perspectiva más profunda, la prisa suele ser una forma de codicia que no es fácil de percibir. Muchas personas piensan que la codicia es solo el deseo de dinero, fama o sentimientos, pero en realidad, una forma más común es la impaciencia por el resultado: tener prisa por ver el resultado, por obtener una respuesta, por salir de la dificultad, por demostrar que no se ha recorrido en vano ese camino. Cuando una persona está muy apurada, su cuerpo todavía está en el presente, pero su corazón ya ha viajado al futuro, intentando agarrar por adelantado ese resultado que aún no llega. Y muchas cosas, en realidad, solo pueden madurar lentamente con el tiempo. Lo que realmente necesitamos aprender quizás no es avanzar más rápido, sino dejar que el corazón permanezca en el presente, caminando paso a paso.

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