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La ley histórica detrás del aumento conjunto del oro, la plata y el cobre
Cuando los mercados de metales preciosos suben colectivamente, suelen generar una atención generalizada en el mercado. Recientemente, el aumento sincronizado de activos como el oro, la plata e incluso el cobre ha llevado a cada vez más inversores a preguntarse: ¿qué señales económicas se esconden detrás de este fenómeno?
¿Qué tan loco está el mercado actualmente?
En las últimas semanas, la discusión sobre los metales preciosos ha alcanzado niveles sin precedentes. Tras estabilizarse por encima de 4500 puntos, el oro ha acumulado un aumento del 150% desde principios de 2024. La plata ha sido aún más destacada, subiendo de 33 puntos en abril del año pasado a 72 puntos, con un incremento del 150% en solo medio año. Incluso comunidades tradicionales como las de B-Circle ahora discuten frecuentemente sobre metales preciosos como el oro, la plata y el cobre. Este entusiasmo de participación masiva refleja que el mercado ha alcanzado un estado de alta actividad.
Sin embargo, desde la lógica de inversión histórica, todavía aplica el antiguo dicho: “Vende en tiempos de auge y compra en momentos de indiferencia”. Cuando incluso el público general discute apasionadamente sobre metales preciosos, ¿significa esto que el mercado ya ha entrado en una zona peligrosa?
Dos grandes picos históricos en metales preciosos
Para responder a esta pregunta, es necesario revisar fenómenos similares en la historia. En las últimas décadas, se han registrado dos periodos en los que el oro, la plata y el cobre experimentaron un aumento conjunto y explosivo.
El primero ocurrió entre 1979 y 1980. En ese periodo, el oro subió de 200 a 867 puntos, multiplicándose por más de 4. El rendimiento de la plata fue igualmente sorprendente: de 9 puntos en agosto de 1979 a 48 en 1980, con un aumento superior a 5 veces.
El segundo ocurrió entre 2009 y 2011. Es importante notar que este ciclo de subida del oro comenzó en 2001, cuando el precio estaba en torno a 200 puntos, y en 2006 alcanzó más de 700, logrando triplicar en cinco años. Aunque en 2008 hubo una corrección debido a la crisis financiera global, en 2009 el mercado del oro aceleró, subiendo de más de 700 a más de 1900 puntos en solo dos años, con un aumento superior a 2 veces. La plata mostró aún mayor volatilidad: su gran subida empezó en julio de 2010, con 17 puntos, y alcanzó un pico de 50 en mayo de 2011, triplicándose en menos de un año.
La lógica económica detrás
¿Por qué en esos dos periodos el oro, la plata y el cobre subieron simultáneamente? La respuesta apunta a un mismo fenómeno económico: la inflación.
En 1979, la disolución del sistema de Bretton Woods provocó que el dólar perdiera su ancla de valor. Sin restricciones, la emisión excesiva de dólares se convirtió en norma. Además, las dos crisis del petróleo elevaron aún más los precios. En ese año, el IPC subyacente en EE. UU. alcanzó 11.3%, y en 1980 llegó a 14%. En este entorno de alta inflación, las tasas de interés reales permanecieron en negativo durante mucho tiempo, lo que provocó una rápida depreciación de la moneda y llevó a los poseedores de activos a buscar refugio en metales preciosos, siendo el oro y la plata las opciones preferidas.
El ciclo de 2009-2011 fue una secuela de la crisis financiera global de 2008. El sistema bancario estadounidense estuvo al borde del colapso, y la Reserva Federal se vio obligada a implementar una política de flexibilización cuantitativa (QE) a gran escala. Desde noviembre de 2008 hasta marzo de 2010, la Fed implementó la primera ronda de QE por 1.7 billones de dólares; luego, entre noviembre de 2010 y junio de 2011, realizó una segunda ronda de 600 mil millones; y finalmente, de septiembre de 2011 a diciembre de 2012, una tercera ronda de 667 mil millones. La enorme liquidez inyectada también elevó las expectativas de inflación.
Estas dos situaciones comparten características claras: inflación + tasas de interés reales bajas o negativas + crisis de deuda. Es esta combinación mortal la que impulsó la subida colectiva de metales preciosos como el oro, la plata y el cobre.
Análisis del ciclo económico y perspectivas futuras
Algunos preguntan: si actualmente no hay una inflación evidente, y la inflación oficial se mantiene por debajo del 3%, con tasas de interés en torno al 3.75% y no en territorio negativo, ¿por qué suben el oro, la plata y el cobre?
Existen varias interpretaciones. Algunos creen que el gobierno de EE. UU. enfrentará en el futuro una grave crisis de deuda, y la inflación será una herramienta para aliviar esa carga, por lo que algunos ya están posicionándose anticipadamente, apostando a una futura depreciación del dólar. Otros temen que las altas valoraciones del mercado de acciones, la posible corrección en la industria de IA o una gran crisis financiera puedan desencadenar una salida de capital hacia activos refugio como el oro.
Desde la perspectiva del ciclo macroeconómico, según las condiciones actuales, la economía se encuentra en una fase de expansión. El IPC está en niveles razonables, las políticas monetarias comienzan a mostrar cierta flexibilización (incluyendo la liberación de algunos instrumentos de deuda a corto plazo), y se anticipan futuras bajadas de tasas. Esto indica que estamos fuera de los periodos de alta inflación y de endurecimiento monetario, y en una fase de prosperidad económica. Desde este análisis, el panorama general hasta 2026 no presenta riesgos mayores, salvo la posible problemática del techo de deuda del gobierno, que si se activa, podría sumir a la economía global en una recesión profunda, de la cual nadie sería inmune.
Asimismo, el mercado de criptomonedas está estrechamente ligado al mercado de acciones de EE. UU. Si las acciones continúan en ascenso, es probable que las criptomonedas también lo hagan.
La fase de subida de oro, plata y cobre termina, y hay que estar alerta
La historia muestra que cada vez que el oro experimenta una gran subida y arrastra a la plata y otros metales, generalmente estamos en la fase final de esa tendencia alcista. La actual euforia del mercado indica que el riesgo debe ser monitoreado.
Las caídas tras los picos de 1980 y 2011 muestran que los ciclos de corrección del oro pueden ser largos. Después de los máximos de 1980 (867 puntos), el oro retrocedió a 300 en 1982, con una caída superior al 60%. Luego, hasta 2000, no hubo rebotes significativos, llegando a tocar mínimos de 250. En 2011, tras alcanzar más de 1900, en 2015 ya había caído a unos 1000, en un proceso que duró 4 años, con rendimientos similares en 2016 y 2018.
Pero cada vez que el oro empieza a caer a largo plazo, las acciones estadounidenses suelen subir. Tras 1980, el S&P 500 y el oro siguieron trayectorias opuestas: entre 1982 y 2000, las acciones subieron de 100 a 1500 puntos, a pesar de las crisis del punto com y de 2008. Después de 2011, las acciones volvieron a una tendencia alcista, subiendo de 1000 a 4500 puntos.
Este patrón sugiere que: cuando el oro, la plata y el cobre comienzan a caer, suele ser el inicio de un ciclo alcista en las acciones. Según la teoría del ciclo económico, los precios de los metales preciosos suben en entornos inflacionarios y de depreciación monetaria, mientras que las acciones reflejan períodos de prosperidad financiera y crecimiento del PIB. Si la economía actual está en una fase de expansión, aún hay espacio para que las acciones suban, lo que también explica por qué la tendencia alcista de los metales preciosos podría estar llegando a su fin.
Para los inversores, es prudente estar atentos a las correcciones tras las subidas sincronizadas de oro, plata y cobre, y seguir de cerca los cambios en la asignación de fondos, ya que podrían ser señales de una próxima fase de ajuste.