Cuando ganas dinero, nadie lo comparte contigo; cuando pierdes, nadie te escucha.


Cada día le reportas solo buenas noticias a tus padres, te tragas las lágrimas y finges alegría ante la familia.
Solo aquellos que ganan dinero estudian bienestar y salud; para la mayoría de los pequeños inversores, ¿no sería la muerte súbita una bendición?!
Toda justicia o injusticia es solo polvo que se desvanece.
Todas las responsabilidades y deudas que no hay más remedio que cargar terminan en ese momento de muerte súbita.
Pero eso no es una elección activa, es una liberación pasiva, sin cargas psicológicas, ¡qué alivio!
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