Hace poco viajé en el Tren Interoceánico y la verdad, la experiencia fue bastante interesante. Todo empezó porque mi amiga Olivia no dejaba de hablar de Salina Cruz, Oaxaca, y me recomendó que probara este tren. Yo sabía que existía pero nunca había considerado tomarlo en serio.



La ruta que tomé fue Coatzacoalcos a Salina Cruz, que solo opera jueves y sábados (aunque en diciembre abren más días). Compré boleto en clase ejecutiva a 634 pesos. Viajé en autobús desde la CDMX hasta Coatzacoalcos (unas 10 horas), llegué a las 5 de la mañana y subí al tren a las 8. Todo timing perfecto.

Lo primero que sorprende es la amplitud de los vagones. Los asientos reclinables, enchufes para el celular, espacio para maletas. El aire estaba congelado, eso sí, tuve que ponerme la chamarra. Los baños están limpios y amplios, cosa rara en transportes así. La decepción fue el desayuno: ya no había café ni tortas cuando pasaron los vendedores, los de clase turista se lo habían terminado todo. Solo quedaban dulces y refrescos.

Pero lo mejor, sin duda, fue el paisaje. Seis horas viendo naturaleza pura, atravesando zonas verdes interminables, cruzando La Ventosa donde los vientos son tan brutales que voltean camiones. Llegué a Salina Cruz a las 14:15 horas. La experiencia del tren interoceánico no es algo que haría cada mes, pero valió la pena una vez. Si planean viajar cómodos y quieren algo diferente, esta ruta no está mal. Aunque si van en clase turista, lleven snacks propios, jaja.
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