Hace poco más de un año, João Fonseca llegó a Buenos Aires como una promesa del tenis brasileño y se fue siendo campeón del ATP porteño más joven de la historia. Ahora vuelve a intentar algo que casi nadie logra a esa edad: defender un título del circuito profesional.



El tenista brasileño cambió bastante desde entonces. Dejó atrás ese look con cabello largo y rizado; ahora luce más adulto, con el pelo corto y un cuidado bigote. Pero a los 19 años, Fonseca mantiene esa frescura que lo caracteriza. Lo que pasó en este último año fue intenso: dos títulos ATP (además de Buenos Aires, el 500 de Basilea), 26 victorias, un debut en Grand Slam donde superó a Rublev, y una explosión de popularidad en Río de Janeiro que cambió su vida.

Durante una charla en el club porteño, Fonseca fue claro sobre lo que significa todo esto. "Pasaron muchas cosas en este año. La explosión empezó en las Next Gen, después en 2025 gané un Challenger, después Australia, y luego llegué acá muy confiado", explicó. Lo interesante es cómo el tenista procesa la presión. "Yo sé que todavía soy joven, pero no puedo tener mentalidad de joven", dijo con una sonrisa.

La adaptación al circuito ATP fue más difícil de lo que parece desde afuera. "Salí de juvenil directo a profesionales, jugué pocos Futures, pocos Challengers. El cambio de nivel fue muy rápido", reconoció. No fue solo lo mental; lo físico también le exigió mucho. Ahora, después de una lesión en la espalda que lo sacó de algunos torneos a inicio de año, Fonseca dice estar recuperado y enfocado en lo que viene.

Lo que llama la atención es cómo mantiene los pies en la tierra. Su equipo lo rodea bien: Guilherme Teixeira como coach desde los 12 años, y recientemente sumaron a Franco Davin y Marcelo Albamonte. "Franco ganó todo con Delpo y tiene dos Grands Slams como entrenador. Es muy bueno saber que tenemos esta confianza", valoró.

La popularidad es real. En Brasil, especialmente en Río, el tenis volvió a ocupar un lugar importante en las conversaciones. Fonseca es consciente de eso. "Es un orgullo ver cada vez más jóvenes jugando tenis. Eso es muy bueno para Brasil", expresó. Pero también sabe que las expectativas son enormes. No es Alcaraz ni Sinner, y él lo reconoce. "No le debo nada a nadie. Pienso en mí, en mi trabajo, en mi vida", aclaró.

Este año, defender un título será un ejercicio completamente nuevo para él. Fonseca ya tuvo encuentros memorables: habló con Federer en la Laver Cup (nervios, manos transpiradas, diez minutos de conversación que lo inspiraron), se encontró con Agassi y Rafter, y también con Del Potro, quien lo ha apoyado abiertamente. Todas esas experiencias lo moldean.

"Soy muy observador. Miro lo que hacen todos", dijo. Esa actitud, combinada con el talento, es lo que hace que el tenis con Fonseca sea interesante de seguir. Tiene 19 años, un título ATP defendible, y la madurez mental de alguien mucho mayor. El próximo capítulo de esta historia apenas comienza.
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