Hay un mito muy extendido que muchos todavía repiten sin pensar: que la psoriasis es una enfermedad nerviosa. Pero resulta que eso es completamente incorrecto, y además es peligroso porque puede retrasar diagnósticos importantes. Lo explica bien Ricardo Galimberti, dermatólogo y profesor de la UBA, quien aclara que la psoriasis es en realidad una enfermedad genética. El sistema nervioso no la causa, aunque el estrés sí puede actuar como disparador en quienes ya la tienen en su código genético.



Lo interesante es que muchas personas siguen hablando de ella como si fuera nerviosa. Galimberti insiste en que hay que dejar de lado las opiniones sin fundamento. El punto clave: si el estrés no está en tu genética, por mucho que te estrese la vida, no vas a desarrollar psoriasis. El cuerpo simplemente expresa lo que ya está programado en tu ADN. Cuando hay presión, quien tiene la predisposición genética la manifiesta; quien no la tiene, no.

Ahora bien, aquí viene lo que sorprende a muchos: la psoriasis no es solo un problema de piel. Es una enfermedad sistémica, lo que significa que afecta todo el cuerpo. Quienes la padecen frecuentemente tienen otras comorbilidades: obesidad, hipertensión, problemas cardiovasculares o hepáticos. Por eso el diagnóstico temprano es tan importante. No solo se trata de controlar lo que ves en la piel, sino de prevenir que esas enfermedades asociadas avancen.

Lo bueno es que diagnosticar psoriasis es bastante directo. No necesita biopsia invasiva. Un simple raspado en la zona afectada es suficiente para confirmar el diagnóstico. La mayoría de las personas consultan cuando ya tienen síntomas visibles o molestias que no desaparecen.

Desde el punto de vista biológico, la psoriasis es una enfermedad proinflamatoria y autoinmune. El linfocito T es como el director de orquesta del sistema inmunológico en este caso. Una cosa que hay que saber: no es contagiosa. Tiene carácter recesivo y puede presentarse con diferentes grados de severidad, desde zonas de flexión hasta áreas más extensas en casos avanzados.

En cuanto a tratamientos, Galimberti es claro: poner film o cremas convencionales no tiene realmente fundamento científico. Las terapias que realmente funcionan son las biológicas, especialmente los anticuerpos monoclonales, que se desarrollaron gracias al avance en biología molecular. El problema es que estas medicinas nuevas tienen un costo brutal. En Argentina existen, pero el acceso depende de si tu obra social, prepaga o el Estado las cubren. Esa es la verdadera barrera ahora: la toxicidad financiera de los tratamientos más efectivos.
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