Últimamente he estado siguiendo los cambios en la geopolítica de África, especialmente lo que ha ocurrido en Burkina Faso. A sus 36 años, Ibrahim Traoré, como presidente, está tomando algunas acciones bastante audaces, y este asunto merece un análisis profundo.



Traoré en sí es ingeniero geólogo, y anteriormente fue oficial de artillería, por lo que no está actuando por imaginación. En la región del Sahel vio con sus propios ojos lo que es el verdadero caos: expansión del terrorismo, pobreza extrema y fuerzas extranjeras que manipulan la situación. Esto le llevó a reflexionar sobre algunas preguntas dolorosas. ¿Por qué, si se ha invertido miles de millones en ayuda, los problemas empeoran? ¿Por qué, si las fuerzas militares extranjeras están estacionadas allí, la situación se vuelve más inestable? Lo más importante, ¿por qué los recursos minerales de África terminan siendo una fuente de ganancias para los extranjeros?

Hace unos años, Ibrahim Traoré decidió actuar. Lideró un golpe de Estado que derrocó al presidente prooccidental y anunció una nueva era —prioridad a la soberanía. Lo que ocurrió después fue realmente llamativo: expulsaron a las tropas francesas, rompieron los acuerdos militares heredados de la era colonial, y las actividades de los medios occidentales y ONG se limitaron.

Lo más interesante es la nueva estrategia diplomática de Traoré. Ya no pide ayuda a Occidente, sino que empieza a establecer relaciones sustantivas con países como Rusia, China e Irán. Rusia ayuda a desarrollar los recursos petroleros de Burkina Faso, China invierte en infraestructura y tecnología, pero sin intención de ocupar militarmente. Este modelo es completamente nuevo para África.

Creo que lo más destacable aquí es el cambio de mentalidad. Ibrahim Traoré dijo una vez: Burkina Faso debe ser libre. No solo lo dice, sino que realmente actúa en consecuencia. En una era de rápida reconfiguración de la geopolítica global, África ya no es un peón pasivo, sino que empieza a tomar control de su destino. Este caso de Burkina Faso podría ser un indicio de cambios mayores en marcha. Observando esta tendencia, África está emergiendo, y vale la pena seguir de cerca su desarrollo.
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