La oficina de la Primera Dama, desde la Presidencia hasta los estados, se ha convertido gradualmente en una institución que muchos nigerianos ahora cuestionan porque no tiene respaldo constitucional, pero sigue consumiendo recursos públicos.


En momentos en que los ciudadanos esperan empatía y liderazgo, el silencio suele ser ensordecedor.
Desde el secuestro de más de 40 niños en el estado de Oyo, ¿cuántas Primeras Damas han condenado públicamente la tragedia o han mostrado una preocupación genuina por las familias afectadas? Incluso la solidaridad simbólica parece ausente.
Irónicamente, hace años, Dame Patience Jonathan lloró abiertamente en la televisión nacional por el secuestro de las niñas de Chibok, y muchos nigerianos se burlaron de su reacción emocional en lugar de apreciar la preocupación que mostró como figura materna en ese momento.
Hoy, el silencio de muchos que ocupan posiciones similares hace que la gente reflexione de manera diferente sobre ese momento.
Perdónanos, señora...
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